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Esposo tacaño exige ser enterrado con su dinero, pero la venganza de su viuda es brillante.

El marido de esta mujer pasó toda su vida trabajando y ahorrando todo el dinero que ganaba.

El hombre era muy tacaño, solamente pensaba en el dinero más que en su propia vida, incluso más que en su esposa.

En una ocasión el hombre enfermo. Los médicos le dijeron que le quedaba muy poco tiempo de vida.

Después de que los médicos le dieran la trágica noticia, el hombre habló con su esposa:

“Escúchame con atención, después de morir quiero que hagas una última cosa por mí, quiero que entierres todo mi dinero conmigo para llevármelo a la otra vida”

A lo que la mujer contestó: “claro amor, si ese es tu último deseo te juro que lo cumpliré”, sin importar que se quedara sin ningún centavo después de que muriera su esposo.

Tiempo después su marido murió.

Cuando todos se encontraban en el funeral velando el cuerpo del hombre, la viuda se acercó junto al mejor amigo del matrimonio. Al terminar la ceremonia, antes de cerrar el ataúd, la mujer se levantó y dijo: -“antes de despedir a mi esposo esperen un minuto”.

Se acerco al ataúd con una caja de zapatos y la puso dentro, después cerraron el ataúd y finalizaron la ceremonia.

Momentos después su amigo se acera a ella y le pregunta: -¿Qué es lo que pusiste dentro de la caja de zapatos?

Entonces la viuda respondió: -¨mi marido quería ser enterrado con todo su dinero por lo que cumplí su último deseo¨.

El hombre desconcertado dijo: –“¿qué acaso no estas bien de la cabeza?, ¿cómo pudiste haber renunciado a toda esa fortuna?”

Con mucha seriedad la mujer le contestó: -¨ese era el último deseo de mi esposo, como buena cristiana y buena mujer, no podía ignorar su deseo, le prometí que toda su fortuna se iría con él¨.

Entonces el amigo pregunta: -“pero si tu marido tenía una inmensa fortuna ¿cómo es que pudiste poner todo su dinero dentro de una pequeña caja de zapatos?”

“Desde luego que eso era un gran problema, por lo que puse todo su dinero en mi cuenta bancaria, le hice un cheque y lo puse dentro de su ataúd”, respondió la brillante viuda.

A veces la avaricia es más grande que el amor o tal vez la inteligencia es más rápida que el dolor.

¿Tú qué opinas al respecto?